![]() |
| Foto del tipo del botafumeiro en un día lluvioso. |
¿Nunca os ha pasado? Eso que vas a salir al campo de quema, sobre una resplandeciente colina iluminada por el Altísimo para que las cenizas lleguen a lo más alto, a rozar sus hermosos y fibrosos brazos. Los monaguillos vascos cargados a más no poder con leña y el tronco de la pira para atar a putas herejes. Tú, inquisidor, vestido de gala para la ocasión con uno de tus siete trajes de la semana de quema. Un tipo cualquiera paseando cerca casual pero convenientemente con un botafumeiro. Tienes preparado tu mechero medieval y la gasolina apostólica. Abres los pórticos de la Sagrada Mazmorra y te encuentras con una torrencial lluvia que impedirá la quema matutina, y probablemente la del mediodía y la nocturna también. Nada, todo el mundo para la catedral otra vez otra vez.
Es en esos momentos en los que piensas que todo el mundo se compadece del destino del pobre hereje, que merecidísimo, por supuesto, así aprenderá a no usar remedios naturales, que las grandes industrias farmacéuticas están para algo, pero nadie piensa en el pobre inquisidor, que tendrá que sentarse sombrío y taciturno en su mesa, cabizbajo, centrado en el trabajo de oficina en un día que había reservado para su jolgorio y macabro pero santo disfrute.
¡Ay, pobre inquisidor! Se pasará todo el día mirando por la ventana, buscando un atisbo de esperanza en un claro celestial que no podrá encontrar porque en la tele de su despacho ha pasado por todas las cadenas y hasta el de Telemadrid, que están mu acostumbrados a lo del manipule, dicen que va a llover mucho y muy fuerte, y muchas veces.
Tendrá que rezar mucho para que deje de llover, pero seguramente San Pedro esté moviendo los muebles y del ruido tronador que ocasionará hará que Dios no pueda escuchar su súplica. ¡Ay señor! ¡Hoy es martes día de quema! ¡Señor, no te puedes haber olvidado de esta santa y pura alma que solo se dedica a servirte! ¡Ponte tu mejor túnica, péinate la puta barba y ven al espectáculo de la santificación! Pero no aparecerá. Dios estaría muy ocupado escuchando a Shakira en su walkman mientras bailaba un poco el twerking y no podía atender sus plegarias.
Mustio, el pobre inquisidor, se pasará el día apoyado en su escritorio mientras solloza a la vez que firma más sentencias de muerte sin juicio previo. El papeleo diario del que puede librarse solo un día a la semana, el sábado, a parte del viernes, el martes, el miércoles, y si es temporada alta de quema como abril, los lunes también.
Todo el mundo se compadece del pobre, pero el pobre lo es porque algún pecado habrá cometido para que Dios no lo ayude. Todo el mundo se compadece del gay, pero si no quería que lo quemasen, que no hubiese metido rabo donde no debía. Todo el mundo se compadece de los niños de África, pero que no hubiesen nacido negros. Todo el mundo se compadece del anciano, pero es su culpa por no morirse antes. Todo el mundo se compadece del inválido, pero es su culpa, que deje de ser un vago.
Pero... ¿qué ha hecho el inquisidor para merecer el mal que le provoca el agua que cae de los cielos del Padre? ¿Es que ha permitido que el pérfido y horrible Zeus, dios pagano que nos pasamos por la punta del rabo que de origen a la palabra "Dios", ha ocupado el trono del Señor? ¡No es permisible tal acto herético!
Es por ello que todo el mundo debería compadecerse del pobre inquisidor, que solo busca la justicia divina y el bien para el pueblo, que tendrá que pasar las horas muertas iluminando niños hijos de herejes con su sagrado falo mientras espera a que se acabe la lluvia infiel que si pudiese también sería quemada en una pira, como la más horrible y detestable hereje.

